INTERCAMBIO SAFA- COLLÈGE VILLARET
Le Mans, tu nous manques!
Como previsto, el pasado 10 de marzo, salimos rumbo a Le Mans. Eran las cinco de la mañana, cuando el autobús cargado de alumnos y alumnas, maletas con muchos presentes (entre ellos, no faltaba el aceite, por supuesto) y sobre todo, muchos nervios, incertidumbre e ilusiones, partió de Baena hacia el aeropuerto de Sevilla.
A las 9 de la mañana, ya estábamos instalados en el avión y en un par de horas, nos rodeamos de “bonjour” “ça va?”… la hermosa lengua francesa nos daba la bienvenida invadiendo nuestros oídos. Y sin hacerse tardar demasiado, hacia el mediodía, ya estábamos en nuestra ciudad de destino, Le Mans   (a dos horas de París).
Al entrar en la ciudad, todos intentábamos localizar el nombre de la calle en que se encontraba el colegio Villaret, y en pocos minutos, nos encontrábamos delante de su puerta. Mientras, bajábamos del autobús, salían a recibirnos, el director del centro, Monsieur Bertrand y Laure Garnier, la profesora de español, que se encarga del intercambio.
Minutos después, comenzaron a llegar  los alumnos y aquellos que participaban en la actividad se acercaban a nuestros alumnos para encontrar a su pareja. Los primeros momentos fueron difíciles: vergüenza, timidez, incertidumbre… todo normal. No es lo mismo el Messenger que el contacto directo.
Una vez todo el mundo emparejado, nos despedimos, deseándonos un buen comienzo con las nuevas familias. Y cada uno se marchó a su casa, unos en autobús, otros andando y otros en coche.
 
Imaginamos que aquella primera tarde y noche tuveron que ser una experiencia inolvidable para nuestros alumnos. De pronto, tuvieron que enfrentarse a una situación probablemente nunca vivida anteriormente. Pero como pudimos comprobar al día siguiente, todos salieron airosos y contentos, aunque con ganas de volver a vernos por la mañana. Ese viernes, a las 8 h de la mañana, todo eran comentarios y anécdotas, y también cómo no, algunas quejas. Es difícil vivir sin la comida de mamá …
 
Pero, en cualquier caso, veíamos que aquello estaba en marcha, que el proceso de integración se había iniciado. A partir de entonces, los días se sucedieron rápidamente: el viernes, visitamos el casco antiguo de Le Mans (con su espectacular catedral, sus calles de piedra, sus casas típicas…) y por un momento, creímos trasladarnos a la época de los mosqueteros. El fin de semana, fue diferente para cada alumno. Unos viajaron a París, otros se quedaron en la ciudad, la mayoría fueron a la feria …, el lunes siguiente también estuvo lleno de anécdotas que contar y sobre todo, ya se notaba que se encontraban perfectamente integrados. Ese día, no había visitas, así es que nuestros alumnos asistieron a diferentes clases para que pudieran comprobar las diferencias que existen con nuestro país. El martes, pasamos la jornada fuera de la ciudad, visitando dos maravillosos castillos de la rivera del Loira: Langeais y Chenonceaux. En el primero, una señorita nos hizo de guía, explicando todo lo que veíamos en un francés sencillo y muy asequible. En el segundo, los alumnos pudieron llevar un audio-guía que podían activar en español o en francés. Regresamos alrededor de las seis de la tarde, cansados pero contentos. El miércoles por la mañana, visitamos un paraje natural llamado el Arche de la nature. Árboles, prados, caminos de tierra y animales de granja. ¡Una delicia!. Después, vuelta al colegio y a las casas para reponer fuerzas, ya que por la tarde, nos esperaba una sesión de patinaje sobre hielo. En esa actividad, estuvieron también los alumnos franceses y fue un momento de risas, caídas, bailes … ¡Divertidísimo! Ya, llegando al jueves, los alumnos comenzaban a sentir la tristeza de la partida. Compartieron clases y por la tarde, visitamos el Museo del circuito de las 24 horas de le Mans y el mismo circuito. Ese día, al despedirnos de ellos, les deseamos que disfrutaran de las últimas horas en las casas, con las familias.
 
Y así, llegamos al viernes, el último día. Fueron horas  llenas de tristeza. De buena hora, había alumnos que no podían contener las lágrimas. Ya se habían despedido de los padres y el resto de la familia y la emoción los desbordaba. No obstante, asistieron a las últimas clases y después, nos organizaron un pequeño aperitivo, que fue un encuentro muy emotivo. Todos, españoles y franceses, comieron juntos en el comedor del colegio y minutos después hubo que coger las maletas y aproximarse hacia el autobús.
Por un momento, creímos que no podríamos marcharnos de allí. Todos se abrazaban, lloraban, se decían cuánto se echarían de menos… nos preguntaban si podíamos quedarnos una semana más. Lamentablemente, no era posible. Sus familias los esperaban en España.
Finalmente, conseguimos que todos subieran al autobús y dijeron su último adiós a través de las ventanillas entre lágrimas y llantos. Hasta los más duros dejaron escapar alguna lagrimilla.
Y eso fue todo, el viaje de vuelta fue un poco azaroso porque nos retuvo un atasco al llegar a París y creímos que íbamos a perder el avión, pero finalmente no pasó nada. Son gajes de los viajeros.
Y ahora, ya de vuelta en casa, todos esperamos con ansiedad que llegue el 28 de abril. Día en que llegarán los franceses a Baena para quedarse con nosotros hasta el 7 de mayo. Esperamos que toda la comunidad educativa sea partícipe de esta actividad y que podáis disfrutar tanto como nosotros (alumnos, alumnas y profesoras) de ese ambiente diferente que nos invadirá por unos días.
En nuestra siguiente entrega, os contaremos las peripecias de los franceses en España. 
Hasta pronto.